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¿Podemos ir a una guerra en estas condiciones? Si tuviéramos un Bolívar o un Chávez, claro que sí…

 


Por: José Sant Roz
  1. Cada quien debe saber lo que puede en medio de una revolución, conocer la justa medida de su valor para poder tomar decisiones cruciales, ser en esto profundamente honesto. Si nosotros queremos culminar o realizar una obra, debemos saber con qué contamos. José de San Martin entendió que él no podía llevar a cabo la guerra del Sur y entregó el mando a Bolívar (y llegó a decir que Bolívar eran el hombre más asombroso conocido por él). Nicolás Maduro recibió un terrible encargo aquel 5 de marzo de 2013, y condujo la revolución haciendo esfuerzos admirables. Hoy tenemos que reconocer que en medio de estas terribles dificultades, la presidenta (E) Delcy Rodríguez está haciendo milagros, lo que puede, para que Venezuela no termine en las garras de un monstruo pro-gringo como María Corina Machado.
  2. Hasta ahora, en este momento, pensamos algunos, que nos falta el líder. Decía José Martí que desafortunadamente para nosotros, a veces el pueblo estaba preparado para las grandes transformaciones, pero que en esos momentos nos faltaba el líder, y que en otras ocasiones teníamos el líder, pero que el pueblo no estaba preparado para los notables y necesarios cambios.
  3. Decía JUAN CRISÓSTOMO FALCÓN PROCLAMACIÓN FECHADA EN AGUA CLARA, 1861: «Este es un pueblo (Venezuela) que da batalla sin tener armas, que triunfa con los reveses, que en los desastres se organiza, que el terror lo exalta, que la clemencia real o fingida lo indigna, con quien no hay medio ni esperanza que tuerza o adultere su propósito, porque no cree, porque no quiere, porque no se presta a nada que no sea el triunfo de la revolución tal como él la quiere: absoluta y radical»…
  4. Tuvimos un gran visionario, y lo asesinaron, y la verdad fue que quedamos como desamparados, como amputados de tantas ilusiones, de los grandes sentimientos y valores de lucha; abrumados de grandes ideas sí, de poderosas consignas y principios sí, de sólo eso, pero sin el carácter ni la voluntad que les imprimía aquel glorioso líder a las masas, al pueblo. Luego le sucedió un hombre valiente, decidido a hacer cumplir su legado, reconociendo que no tenía aquellos poderes y visiones tan grandiosos de su amado jefe, pero aún así, jamás se arredró ante las catastróficas circunstancias que sufrimos, ante las amenazas del imperio gringo y europeo. Se le ofrecieron tesoros para que entregara el poder o huyera, pero jamás se rindió. Por lo que entonces fue secuestrado por los malditos gringos junto a su esposa y hoy se encuentra preso en una cárcel de Nueva York, y con ese crimen todo su pueblo también vive ahora secuestrado …
  5. ¿Pero de dónde venimos, también? No hay que olvidarlo, venimos de muchas penosas traiciones, de desfalcos, de horrores administrativos de una espantosa corrupción. Esto es un fardo que nos condena y nos pesa, producto de una tradición funesta en la práctica de los partidos desde siglo XIX. Nuestra principal empresa, PDVSA no soportó las presiones desintegradoras del imperio gringo y acabó siendo pasto de hienas y de buitres infiltrados. Cientos de gerentes huyeron ricos al exterior, y vino la entrega de CITGO al imperio.
  6. La idea de crear la milicia, que en principio era grandiosa, fue algo totalmente improvisado, plagado de un voluntarismo funesto y de una desorganización espantosa. Sin un plan, sin una estructura que fuese capaz de cumplir a un llamado para la defensa nacional, en el que cada cual además supiese cuál es su puesto de combate ante una emergencia, ante un ataque del enemigo. Un hecho significativo de lo inicuo que resultó la creación de la milicia lo vemos en lo que ocurrió el 3 de enero. Un cuerpo que contaba con 8 millones de soldados, debió haber sido más poderoso incluso que la estructura toda de las propias Fuerzas Armadas. Pero era un simple apéndice casi sin ningún valor que no actuó en hora tan crucial para la patria, lo que a la vez prueba que no hubo traidores ese día; no era necesario, nosotros mismos acabamos montando las condiciones para que se produjera sin respuesta alguna lo que ocurrió esa madrugada.
  7. ¿Podríamos embarcarnos en una guerra contra los imperios en occidente, sin soberanía electrónica o cibernética? ¿Sin soberanía eléctrica (porque sencillamente la Siemens se negó a vendernos los repuestos y nos quedamos en las tinieblas)? ¿Con un sistema de salud tan deplorable (en el que se roban equipos y medicinas y se llevan al sector privado, prácticamente sin ambulancias)?… No olvidemos que Irán reparó todas las vías férreas bombardeadas en solo tres días, y aunque le bombardearon hospitales, siempre tuvo soluciones alternativas para atender a sus heridos.
  8. Aquí todos hemos sido testigos indolentes de los desastres públicos. Ahí está entre cientos de miles de ejemplos, esa peligrosa falla de borde en la Pedregosa Sur (frente a La Floresta) que lleva 4 años agrandándose, a veces oculta por la manigua, ocasionando tantos accidentes y destrozos de vehículos, siendo que se han aprobado recursos para su reparación en varias consultas comunales y continúa como una llaga que nos acusa todos los días. ¿Y así estaríamos dispuestos ir a una guerra contra el imperio? Es que tenemos antes, compréndase, una guerra civil en nuestra alma y en nuestra conciencia, estamos tomados por la indolencia, la dejadez y la impericia. Y los gobernantes aquí, lo verán a usted como un enemigo político si llega a reclamar, por lo que entonces su voz dejará de tener valor porque lo ubicarían en el bando opositor.
  9. Aquí también la supuesta izquierda ha sido minada o tomada por la derecha, y ambas ondean, al fin y al cabo, las mismas banderas sin que nos demos cuenta. Muchos de los que nos gobiernan, en nombre de la revolución, han convertido los reclamos o protestas contra las injusticias en una práctica contrarrevolucionaria.
  10. A mí me gustaría enrolarme en una buena guerra con las armas que tuviésemos a nuestro alcance, fuesen palos piedras o cohetes, pero bajo la dirección de un verdadero líder. Bajo el mando, insisto de un ductor de pueblos o domeñador de multitudes. Imagínense lo que aquí sufrimos durante la espantosa guerra de independencia, pero piensen que en aquella época cuando los españoles arrasaron con todo, en medio de tal cuadro, entonces Bolívar se hubiese puesto a lamentarse diciendo que estábamos «peor que antes» y que por lo tanto debíamos resignarnos. No. Él señaló el camino, él dijo vamos al combate. Se le creyó y hubo decenas de miles que se inmolaron por la patria. De hecho, en aquel entonces, estábamos mil veces peor que cuando nos esclavizaban los godos, y lo íbamos a estar por otro siglo más. En nuestro caso se produjo una gran falla repentina cuando en medio de los grandes avatares de la lucha nos creíamos invencibles. Creíamos en que daríamos la pelea, nos jactábamos de decir como el Che, que aquí los gringos se encontrarían con un Vietnam, y aquelllos despliegues en las noches por la capital de la policía bolivariana que nos hacía pensar que seríamos invencibles… Quedamos aturdidos el 3 de enero. Nuestros altos mandos no pudieron o no supieron reaccionar. Para esa pelea sorpresiva con aparatos jamás utilizados en una guerra, nunca nos habíamos preparado. Algo vital o esencial, sentimos que nos falló. Fue ese el momento en el que venimos a mostrarnos, al desnudo, tal cual somos, con lo que realmente contamos para nuestra defensa. De lo que verdaderamente estamos forjados. Bolívar llegó a decir horrorizado: «Me ruborizo al decirlo: la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás. Pero ella nos abre la puerta para reconquistarlos bajo vuestros soberanos auspicios, con todo el esplendor de la gloria y de la libertad». Nosotros con Chávez habíamos conquistado una revolución, pero esta adolecía de una fuerza defensiva poderosa, aunque todavía tenemos esa puerta abierta.
  11. Nosotros, el pueblo venezolano, fue el que más sufrió en el proceso de la independencia latinoamericana, pero eso fue preferible a seguir viviendo encadenados. Se vertieron ríos de sangre y le dimos la libertad a un continente, pero creo que en esta hora sólo con un líder como Bolívar podríamos otra vez emprender aquella odisea.

Tomado de Ensartaos.com.ve

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